miércoles, 6 de mayo de 2009

FEDERICO TRILLO

Federico Trillo es un buen ejemplo de la moralidad y ética de los miembros del Opus (de los sinvergüenzas, no de los miembros víctimas del Opus).

Con este artículo se dá un perfil aproximado de este político del Opus:

Trillo o la justicia según el PP

La imagen cuidada, algo antigua, de Federico Trillo Figueroa (Cartagena, 1952), su verbo afilado y su afición ora a las citas shakespearianas ora a la prepotencia encubierta de sentido del humor, podría divertir a quienes le rodean sino fuese un político en activo, ex presidente del Congreso, ex ministro de Defensa y portavoz de Justicia en el PP.

Pero, además, porque Federico Trillo es el protagonista ejecutor con la venia del entonces presidente José María Aznar de una de las tramas más enrevesadas, falseadas y oscurantistas de la democracia española. Una trama engendrada para dar carpetazo a la peor tragedia militar de nuestra historia, que se llevó la vida de 62 militares en Turquía el 26 de mayo de 2003 en un accidente que, a tenor de los datos y de los errores ya admitidos, se podría haber evitado.

El PP, en una maniobra que tiene perpleja a la clase política, salvo a los suyos, ha convertido en ariete del Gobierno en temas de Justicia ni más ni menos que a este "monumento a la cobardía y la doble moral", como lo tachó un alto mando militar que lo "sufrió" en su etapa de ministro.

El supernumerario del Opus Dei, el hombre de misa diaria que relevó a personal del Ministerio por quedarse encerrado en un ascensor o por no poder celebrar su oficio cotidiano en un país árabe aunque llevase su fiel reclinatorio consigo es el rostro de la justicia conservadora.

El "dolor" del ex ministro

"Señorías, nadie en esta Cámara ni fuera de ella, después de las familias, ha sentido más que yo el dolor por esas 62 muertes. Ese dolor me ha acompañado durante todos los días de mi mandato como ministro y me acompañará durante toda mi vida; el dolor por esos 62 militares españoles (...). Tengan por seguro que les hablo de corazón".

Así se pronunció Trillo ante el pleno del Congreso, en una intervención inesperada en octubre de 2004, después de que el ministro socialista José Bono expusiese con información muy concreta que su antecesor y sólo él era el responsable de ignorar, por un lado, las malas condiciones del avión y, por otro, de apresurar una identificación con un resultado desastroso: 30 cadáveres incompletos introducidos precipitada y erróneamente en los ataúdes para un funeral con fecha fijada pocas horas después del accidente, el 28 de mayo en Madrid. En el momento de su intervención, el rostro grave y compungido de Trillo mirando a los diputados y congraciándose con su sucesor trataba, tal vez, de convencer a alguien de su dolor eterno.

Sin embargo, los hechos que van desde el accidente hasta el pleno dolorido, y que cualquiera puede consultar en las hemerotecas, ya no engañan a nadie. A los pocos días del accidente del Yak-42 en 2003, en una entrevista en la Ser, Trillo se comprometió a "aclarar todo lo ocurrido, investigar todas las responsabilidades y asumir todas sus consecuencias cuando la investigación haya concluido". Las familias de las víctimas siguenesperando.

Pocos días después del siniestro, los familiares pedían una comisión de investigación parlamentaria y Federico Trillo bendecía su reivindicación asegurando que "debía ser rechazada", porque lo único que pretendían era "paliar su dolor irreparable" .

Y mientras ellos lloraban a los suyos, el ministro de Defensa utilizaba en julio de 2003 un editorial de la Revista Española de Defensa que pagan todos los españoles y también los parientes de los 62 militares muertos para jugar a los acrósticos y desvelar cuáles eran, a su juicio, las causas del accidente: "El responsable definitivo es el EMAD [Estado Mayor de la Defensa]". Porque ya lo decía su venerado Escrivá de Balaguer: "De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna".

CASO RUMASA

El Estado abonó 1.588 millones de al Opus Dei después de la expropiación de Rumasa

El Estado, a través de Rumasa, SA, expropiada a Ruiz-Mateos el 23 de febrero de 1983, pagó al Instituto de Educación e Investigación, SA (IEISA), entidad vinculada al Opus Dei, la cifra de 1.588 millones de pesetas después de la expropiación. El último abono, en forma de letra de cambio por importe de 300 millones de pesetas, fue cobrado el 9 de diciembre de 1985 por Enrique de Sendagorta Aramburu, presidente de Induban y presidente honorario de Petronor, ex consejero delegado del Banco de Vizcaya y actual consejero de dicha entidad bancaria, y a su vez d estacado miembro de la Obra de Dios.

Los 1.588 millones pagados por la Administración se desglosan en tres letras de 300 millones cada una; otra de 90 millones en concepto de intereses, y el reintegro de un depósito de 598 millones efectuado por el Instituto de Educación e Investigación en la llamada cuenta de ejecutivos de Rumasa.El 9 de diciembre de 1980 y el 16 de febrero de 1982 José María Ruiz-Mateos y Gregorio López Bravo, este último en representación del Instituto de Educación e Investigación, Sociedad Anónima, suscribieron contratos privados de préstamo mediante los cuales Ruiz-Mateos, actuando en su nombre y el de su esposa, Teresa Rivero, prestaban al instituto del Opus Dei diversas cantidades sin interés y por un plazo de 75 años.

La operación se instrumentó mediante el libramiento de distintas letras de cambio. Para reembolso de estos préstamos, el Instituto de Educación e Investigación aceptó efectos convencimiento en los años 2.055 y 2.075.

El contrato privado de diciembre de 1980 se suscribió por importe de 450 millones de pesetas, mientras que en febrero de 1982 se suscribieron cinco contratos por importe de 120 millones de pesetas el primero y 300 millones los cuatro restantes.
En total 1.320 millones, con lo que la operación global ascendía a 1.770 millones de pesetas. En la contabilidad de Rumasa la operación se registró bajo la rúbrica Operación Presidencia, desglosando su importe en 15,00 millones de principal y 270 de intereses.

Cinco letras sin referencia

Estos últimos cinco contratos se formalizan mediante el endoso a través de notario de cinco letras de cambio de Ruiz-Mateos al Instituto de Educación, letras, que fueron libradas por Hispano Alemana de Construcciones y aceptadas por Rumasa. En la contabilidad de Hispano Alemana no figura la menor referencia a esta operación. Tras producirse la expropiación de Rumasa quedaban por vencer 3 letras de 300 millones cada una, que tras los preceptivos informes de la abogacía del Estado, la Administración abonó a Gregorio López Bravo, las dos primeras letras, y a Enrique de Sendagorta, la última, hace apenas seis meses.

Y quedaba un importante pellizco más, derivado del primer contrato de diciembre de 1980 de la Operación Presidencia. Dicho contrato se resolvió con el cobro por Gregorio López Bravo de un cheque de 22,5 millones y una letra de cambio de 15 millones.

La diferencia hasta los 450 millones, es decir, 412,5 millones, fue ingresada por el ex ministro como un depósito a favor del Instituto en la llamada cuenta de ejecutivos de Rumasa. Esta era una cuenta privilegiada accesible solo a ejecutivos y inversores especialmente vinculados al holding, que retribuía los depósitos con un excelente 20% de interés anual. El saldo de esta cuenta a la expropiación era de 1.239,8 millones de pesetas.

Además, en la contabilidad de Rumasa apareció otra letra a favor del Instituto de Educación e Investigación por importe de 90 millones de pesetas, por abono al Instituto de intereses al 10% sobre los 900 millones que quedaban por pagar.

Al acercarse la fecha de vencimiento del depósito (15 de noviembre de 1983) efectuado en la cuenta de clientes, Gregorio López Bravo dirigió una carta a los administradores de Rumasa solicitando la devolución de la imposición más sus intereses. El saldo de esa cuenta era ya de 598 millones de pesetas, con un importante salto sobre los 412,5 millones depositados en un principio.
La complejidad de la operación montada obligó al Patrimonio del Estado a poner el asunto en manos de la abogacía del Estado. Se trataba de saber si había que atender el pago de dichas letras y la devolución del depósito, con fecha de vencimiento de 15 de noviembre de 1983, efectuado en la cuenta de ejecutivos.

Los donativos

Los aspectos atípicos eran numerosos. No se trataba de que Rumasa hubiera recibido fondos ajenos que tuviera que devolver, con sus intereses, transcurridos ciertos plazos, sino que el acuerdo Ruiz-Mateos-López Bravo imponía a Rumasa, dañando gravemente su patrimonio, la entrega de unas cantidades sin contrapartida alguna, y así se contabiliza en Rumasa como "donativo" y "donativo diferido".

¿Se trataba de un préstamo o de una donación, como opinan los inspectores de Hacienda? Tanto Ruiz-Mateos como López Bravo insisten en hablar de préstamo, pero en el que no se pactan intereses y su devolución se acuerda a los 75 años, algo completamente heterodoxo desde un punto de vista mercantil. Más aún, se pacta la entrega de intereses pero no por el prestatario, el Instituto de Educación, como es norma desde que el mundo es mundo, sino por el prestamista, la propia Rumasa.

La Dirección General de lo Contencioso del Estado, en dictamen de fecha 14 de noviembre de 1983, aconsejó estudiar la posibilidad de impugnación de los contratos entre Ruiz-Mateos y el Instituto de Educación e Investigación. Igualmente aconsejó remitir el asunto al juez especial que instruía el sumario del caso Rumasa, Luis Lerga. Los administradores de Rumasa remitieron pues el mismo 14 de noviembre un escrito al juez Lerga, solicitando ese dictamen, pero Lerga se lavó las manos, afirmando en resolución del día 21 del mismo mes "no haber lugar a entrar a resolver sobre el fondo de la consulta solicitada, respecto a la conducta a seguir en orden a la devolución del depósito existente en la cuenta ejecutivos de Rumasa".

Atender los pagos

Tras la falta de definición del fiscal especial del caso Rumasa sobre el camino a seguir, y teniendo en cuenta que la operación estaba debidamente documentada en la contabilidad de Rumasa bajo las rúbricas "donativo" (450 millones de pesetas); "donativo diferido" (1.200 millones), e intereses difendos (150 millones), el Patrimonio del Estado determinó atender el pago de los distintos efectos en la fecha de su vencimiento. Tras la muerte de Gregorio López Bravo, en accidente de aviación ocurrido en febrero de 1985, la última letra fue cobrada por Enrique de Sendagorta.

Desde el punto de vista fiscal, los contratos firmados entre el fundador de Rumasa y el Instituto de Educación e Investigación fueron calificados por lo Contencioso del Estado de donaciones onerosas, siéndoles por tanto aplicable el Impuesto General sobre Sucesiones, Transmisiones Patrimoniales y Actos Jurídicos Documentados.

La Inspección de Hacienda levantó expediente sancionador al Instituto por infracción calificadla por el inspector tributario como de "omisión", liquidando una deuda tributaria de 1.209 millones de pesetas. Tras el correspondiente recurso del Instituto, quien insiste en presentar la operación como un préstamo, el tema sigue pendiente.

La cifra de activo del Instituto de Educación, según fuentes del propio IEISA, se eleva actualmente a 2.800 millones de pesetas (1.770 millones correspondientesa la donación de Ruiz-Mateos; 50 millones de capital social, y 500 acumulados ya en forma de provisiones, para hacer frente a la arrienaza del fisco). Este dinero, sobre el que el propio José María Ruiz-Mateos ha sugerido que se encuentra invertido en eurobonos, "está colocado en títulos españoles, que gestionan tres sociedades de cartera de primera fila en el país, ligadas a otros tres grandes bancos privados".

Preguntados sobre los lazos clel IEISA con el Opus Dei, los responsables de la sociedad reclaman "libertad absoluta para hacer lo que quieran con el Instituto".

martes, 28 de abril de 2009

SUICIDIOS EN EL OPUS DEI

ALBERTO MONCADA, 5 de junio de 2005

Las peculiares circunstancias en las que viven los numerarios del Opus Dei conducen con frecuencia a frustraciones, depresiones y abandonos a lo que hay que añadir el creciente número de suicidios e intentos de suicidio que, aunque ocultados por la dirección, van siendo conocidos.
Según observadores de la situación, explicada en testimonios a la página web opuslibros.org, las depresiones están a la orden del día en las casas de los numerarios y numerarias. Como explica un antiguo numerario: “Las casas donde vive la gente mayor están llenas de personas con problemas, deprimidos, que tienen que tomar pastillas constantemente y algunas casas son destinadas casi exclusivamente a este tipo de personas”. El problema central que tienen esos numerarios es la contradicción biográfica entre lo que les prometieron que sería su vocación, santificar su trabajo en medio del mundo en una profesión civil y la realidad de su situación, parecida a un encierro conventual, en la que sus vidas están minuciosamente reglamentadas. Además, prácticamente la mitad de los numerarios se dedican a labores internas como sacerdotes y funcionarios de la organización y su red educativa. Y más estresante aún es la situación de las mujeres, mayoritariamente ocupadas en funciones auxiliares, aunque tengan titulación universitaria y sometidas al dominio jerárquico de los varones.
La depresión, y su tratamiento en el Opus, puede producir una situación tal de impotencia que...
la tentación de suicidio comience a presentarse. Como explica un corresponsal de la página web: “Crecientemente veía más claro que la única solución era el suicidio, que la vida no tenía valor para mi ni yo tenía fuerzas para salir de la situación”.
“R”, numerario en Brasil durante veintiún años, escribe: “Las autoridades de la organización son muy diligentes en no dejar que se divulguen entre los miembros las noticias negativas o desalentadoras o, en el caso en que eso no sea posible, dan versiones en las que la organización no aparece como culpable. Hay, por ejemplo, el caso de C. P., un numerario mayor que hoy está incapacitado para el trabajo. La versión oficial es que el impacto de la muerte de su padre le ha desencadenado problemas mentales. A.I.C. es un sacerdote mayor, de gran capacidad intelectual. Es visible su fragilidad psicológica y sufre persistentes migrañas. Pocos en la organización saben que ha intentado suicidarse ingiriendo una dosis letal de medicinas. Fue socorrido a tiempo pero, por ironías del destino, un miembro del equipo médico que le atendió en el hospital a donde le llevaron, era un exnumerario que le conocía.
Una madre de familia numerosa, muy ligada a la organización, se tiró por la ventana de la consulta del ginecólogo. Sólo los más allegados sabrán lo que pasó. Hay entre los numerarios de Brasil casos de depresión que exigen cuidados médicos especializados pero son médicos numerarios, sin especial preparación, los que les atienden y medican tanto para aliviar al paciente como para evitar situaciones embarazosas en la casa en que viven. Si no mejoran los cambian de casa para que los que lo vieron con salud no sean testigos de su declive y en la nueva casa sean considerados “enfermos”, desde el primer momento. Así no hay testigos del proceso como un todo y se hace fácil divulgar una interpretación oficial conveniente de los hechos. Cada cierto tiempo, A. un psiquiatra numerario de Uruguay, especialista en electroconvulsoterapia, visita Brasil y la condición de “paciente de A” es ocultada a los demás en la medida de lo posible”.
En “La Cuarta Planta”, (Revista el Siglo, nº 605, 31 mayo 2004), me referí a esa zona de la Clínica Universitaria de la Universidad de Navarra dedicada al tratamiento específico de numerarios y numerarias con enfermedades mentales.
Según algunos de los socios tratados, hoy fuera de la Obra, el trabajo del equipo médico no consiste tanto en ayudar a recuperar la salud, a clarificar la identidad de los pacientes sino, sobre todo, en insistirles a que sigan en el Opus y acepten su enfermedad como prueba divina.
Las informaciones sobre casos de suicidios de miembros del Opus Dei en España crecen a medida que se pregunta a antiguos socios que citan, entre otros, el de una numeraria en Andalucía, JJ.R.R. profesor de Filosofía, que se pegó un tiro en Pamplona. En algunos casos, los directivos del Opus tratan de maquillar las circunstancias. Por ejemplo, el de N. G. directivo del Opus en Córdoba, gran deportista, profesor de Física en un Instituto que se tiró por una ventana de su casa una noche y se dijo que era un caso de sonambulismo. Según parece, está enterrado en el cementerio de Córdoba con una lápida sin nombre.
“B”, otro ex numerario, cuenta casos de Zaragoza: “Un numerario, J.M., de unos veintitantos años, de una familia con muchos miembros en la Obra, tenía problemas escolares, depresiones y estaba en tratamiento psiquiátrico cuando el servicio doméstico, al entrar por la mañana a hacer la limpieza en el club Jumara de Zaragoza, se lo encontró ahorcado con el cinturón del traje de kárate. Otro numerario, M.A.R. se cortó varias veces las venas en Miraflores, la residencia de estudiantes de Zaragoza en los años sesenta. Quisieron endosárselo a su familia pero su padre, un reconocido ginecólogo, les dijo que ellos se lo habían llevado y ellos tenían que cuidarlo. Un supernumerario médico, de casi ochenta años, A.A., amigo de mi padre, se tiró por el balcón de su casa en Zaragoza.”
La cantidad de numerarios y numerarias que abandona el Opus a partir de cumplir la media edad, treinta o cuarenta años, crece en estos momentos en todo el mundo, alentados también por la previsión de que su vejez va a ser aún peor pues no existen en el Opus medidas concretas para la atención de los mayores. Es un caso parecido a la gran desbandada que se produjo en los años sesenta cuando Escrivá se negó a aceptar los postulados del Concilio Vaticano II. Desde entonces se han agravado los perfiles sectarios y fundamentalistas del Opus Dei, que se traducen en una infantilización de la adhesión al grupo, muy propio de las sectas. “El Padre, los directores, tienen siempre razón y en el Opus, una de dos, u obedeces o te marchas”, reza Camino, el libro definitorio del espíritu opusdeista.
El tema del abandono del Opus ha experimentado una evolución que hace aún más desagradable el trance. Al principio, Escrivá presumía de que las puertas estaban abiertas de par en par para el que quisiera irse pero, poco a poco, y también, en consonancia con la progresiva sectarización de la organización, ocurre todo lo contrario. Aparte de la necesidad de solicitar la dispensa, un trámite que los directores gestionan a su arbitrio, a los que quieren abandonar se les acosa de muchas maneras. La más sencilla es pronosticarles desgracias espirituales y materiales, algunas de las cuales son fácilmente administradas también por la organización si el que abandona trabaja en una actividad de Opus. La manera de actuar de los directivos es congruente con su talante.
Los que mandan hoy son nombrados básicamente por su lealtad a la organización y apenas tienen preparación psicológica y, menos, respeto por los derechos humanos. Ellos creen firmemente, en base a su fanatismo, que dejar el Opus es una desgracia personal y un fracaso grupal y tratan de condenar a la muerte civil, de muchas maneras, a los que se van, transformando la salida en un drama. El acoso prosigue incluso después de que la gente se haya ido. Los F. d. A son una familia de dinero de Barcelona, muy exhibida por el Opus, una de cuyas hijas, numeraria, decidió salirse y, tras muchas dificultades, lo consiguió, yéndose a vivir con una prima suya. Pero sus antiguas correligionarias no cesaron de perseguirla, incluso por la calle hasta que la chica se tiró por una ventana. La gente de su ambiente quedó muy impresionada aunque la familia no dejó traslucir la tragedia.
Y la pregunta es: ¿La incidencia de suicidios en el Opus es superior a la media sociológica? Si se añaden a los suicidios consumados los intentados parece que sí, aunque la información al respecto es parcial, voluntarista e imposible de contrastar con las autoridades internas. Para preservar la identidad de los afectados los he citado por sus iniciales, aunque existe información completa facilitada por testimonios cualificados.
Una última circunstancia contribuye a la frustración de los numerarios. Ellos, les dijeron, eran la espina dorsal del Opus Dei, los socios paradigmáticos, los protagonistas del espíritu de la Obra, la santificación en medio del mundo ejerciendo una profesión civil. El sacerdocio dentro de la obra era circunstancial, un servicio a los hermanos que el Padre pedía a algunos como un sacrificio personal. Pues bien, desde la conversión de la Obra en una Prelatura personal, las cosas han cambiado. Como es sabido, Escrivá buscaba la fórmula de evitar el control sobre sus actividades por los obispos territoriales y encontró esa solución, en la maraña de la legislación eclesiástica, a lo que accedió Juan Pablo II. Pero lo que ellos no esperaban, y trataron de amañar sin mucho éxito, es que el modelo de prelatura personal incorporada al nuevo Código canónico no contempla la existencia de pueblo propio, de laicos miembros de ella sino solo como cooperadores mediante contrato “ad hoc”. La prelatura está constituida canónicamente solo por clérigos A esta interpretación apostó el actual papa. De modo que los numerarios, con sus votos, sus promesas, su régimen disciplinario y su encierro domiciliario no pertenecen realmente a la organización salvo que sean ordenados sacerdotes. De hecho, hoy, los miembros directivos del Opus son sacerdotes en su mayoría.
Semejante situación no favorece mucho la perseverancia en un régimen de vida tan duro y puede contribuir al desaliento y la desesperación que tantos sienten. Siempre, claro, que se enteren de ello, pues los directivos de la organización no explican a sus miembros la nueva situación jurídica y sus complicaciones.
Quiero agradecer a Carmen Charo su inestimable ayuda para la redacción de este documento, así a cuantos, a su través, me han enviado informaciones. Si alguien tiene comentarios o nuevos datos, lo agradecería.

Alberto Moncada.

Extraido de:

http://www.opuslibros.org/escritos/suicidios_Moncada.htm

lunes, 27 de abril de 2009

INFORMACIÓN SOBRE EL FUNDADOR DE LA SECTA

El fundador fue José María Escrivá de Balaguer. Nació en España en 1902, en una familia pobrísima. Entró a la preparación para el sacerdocio cuando en España la gente de poblados menores, como el suyo, encontraba al sacerdocio como la única posibilidad para la formación profesional. Sus contemporáneos lo recuerdan como una persona poco dotada. Uno de ellos, Manuel Mindán, lo calificaría como ‘hombre oscuro, introvertido y con notable falta de agudeza... No me explico cómo un hombre de tan pocas luces pudo haber llegado tan lejos.’ Pues bien, quien lo hizo llegar tan lejos fue la dictadura de Franco, la historia nos demuestra que los dictadores han promovido locos, criminales o delincuentes, siempre que se sometan a sus objetivos, y que han perseguido a las mentes más brillantes, por no comulgar con su abuso. Escrivá fue conocido por su carácter irascible y su vulgar personalidad. Siendo ya religioso, se evidencia su personalidad patológica con frases como ‘ahorcaría al último obispo con sus propias tripas’, lo que es común en psicópatas. Otro rasgo: la mentira o mitomanía y el fraude. Siendo su familia pobrísima, la mantuvo con su sueldo en un apartamento modesto. Cuando éste fue destruido por la guerra civil, creó la historia de que vivió en un ‘noble palacio’. Su complejo de miserable fue más allá, y cuando ya era religioso, compró en 1968 el título nobiliario de Marqués de Peralta, demostración de su megalomanía o delirio de grandeza. Esto sería ridículo en una persona común, y es imperdonable en un religioso. Sin embargo, esta persona burda trataba de impresionar usando cilicio(1) hasta sangrar, lo que denota otro rasgo de anormalidad. Durante su vida, apoyó a la dictadura de Franco, y admiró a Hitler. Una frase suya: ‘Hitler contra los judíos, Hitler contra los Eslavos, esto significa Hitler contra el comunismo’. Escrivá amaba la violencia de la guerra, así, dijo: ‘¡La guerra! La guerra tiene finalidad sobrenatural... Pero tendremos, al final, que amarla, como el religioso debe amar sus disciplinas.’ (Camino, máxima 311). Camino es obra suya, su producción escrita es una mezcla de copias de diferentes corrientes, como la jesuita y la masonería, no aporta originalidad, sino en cuanto a su vileza. Poseía una mente enferma y una personalidad codiciosa, vulgar, soberbia y perversa. Increíblemente, por influencia del Opus Dei en el Vaticano, fue beatificado. Siendo requisito para la beatificación una vida ejemplar, virtudes, etc., resulta obvio que se trató de un fraude más del Opus Dei. Hay muchos expedientes de beatificación de personajes de vida verdaderamente ejemplar y honorable, que han quedado siglos (hasta hoy) sin pasar a la beatificación, Ej.: María de Jesús Agreda (siglo XVI), Hildegard von Bingen (siglo XIII), ambas religiosas, que llevaron vida santa, dedicadas casi toda su existencia a su ministerio, y autoras de bellísimos y espirituales escritos; la Bingen poseía los dones de profecía y curación y en vida llegó a curar a ciegos inclusive. Sobre Agreda hubo una objeción a su proceso porque dijo que sería un pecado oponerse a su obra ‘La Ciudad Mística de Dios’. Sin embargo, es cierto que es pecado oponerse a las obras que elevan el espíritu. Entonces, ¿no debían haber sido cuestionadas las monstruosidades que dijo Escrivá? El costo de esos procesos es altísimo, pero por la cantidad de dinero que maneja el Opus Dei, eso no fue problema para ellos. El supuesto milagro de curación de Escrivá después de su muerte (en el proceso) es otro fraude, producto de la mala calidad de médicos españoles. Ningún católico en su sano juicio podrá creer que semejante monstruo es capaz de producir milagros. Estos son los siguientes fraudes que preparan: la beatificación de Montse Gratses, Miguel Díaz del Corral e Isidoro Zorzano Ledesma, católicos comunes y corrientes como cualquier otro. ¡Ojo: el Opus Dei ha copado la oficina de canonización del Vaticano! Necesitan desesperadamente fabricar un santo.

Texto extraido de:
http://www.geocities.com/catolicos2001/opusdei.htm